¿Y los problemas de habla?
Aquí hay que ser claros porque circula mucha desinformación. El frenillo corto rara vez es la causa de que un niño hable mal. La mayoría de los problemas de pronunciación son de desarrollo del lenguaje y se resuelven con terapia, no con un corte.
Cuando el frenillo sí interfiere, suele afectar sonidos concretos que requieren levantar la punta de la lengua, como la erre, la ele, la te y la de. Y aun así, lo primero es la valoración con terapia de lenguaje: si el niño puede producir el sonido con ayuda, el frenillo no era el problema.
Cortarle el frenillo a un niño de cuatro años para que hable mejor, sin una valoración de lenguaje previa, casi siempre es un procedimiento que no hacía falta.