Lunar adquirido
Sale después del nacimiento, redondo y de un solo color. Es el más común.
Crece con el niño
Dermatología pediátrica · Querétaro
Casi todos los niños tienen lunares, y la gran mayoría son normales. Lo que sí vale la pena es saber cuáles vigilar, qué cambios merecen una revisión y cómo cuidarlos del sol desde chiquitos.
Dra. Alexa Vélez OrtizDermatóloga pediatra · Technology Park y Juriquilla
Un lunar, o nevo, es un grupito de las células que le dan color a la piel. A los que salen después de nacer se les llama adquiridos. Es normal que vayan apareciendo más con los años y que crezcan al mismo ritmo que el niño.
Los que ya estaban al nacer se llaman nevos congénitos, y se clasifican por el tamaño que van a tener de adulto. Los pequeños y medianos son frecuentes y suelen ser tranquilos. Los muy grandes son raros y los sigue de cerca un especialista.
El melanoma en niños es muy poco común. La revisión sirve para quedarte tranquila, ubicar los pocos lunares que sí hay que vigilar y aprender a revisarle la piel en casa.
Casi todos los lunares de un niño son del primer tipo. Los demás tampoco son para asustarse, pero es bueno conocerlos.
Sale después del nacimiento, redondo y de un solo color. Es el más común.
Crece con el niño
Ya estaba al nacer. Puede tener pelito o una textura distinta al resto de la piel.
Revisión periódica
Mide, o va a medir de adulto, muchos centímetros. A veces tiene lunares más chicos alrededor.
Seguimiento especializado
Bolita rosada o café que crece rápido. Suele ser benigno, pero siempre lo revisamos.
Merece valoración
Un lunar con un anillo blanco alrededor. Es frecuente en adolescentes y casi nunca es de cuidado.
Se revisa, no alarma
Manchas planas color café claro. Una o dos son comunes. Si tiene seis o más, hay que revisarlas.
Contar cuántas hay
Mucho de esto se resuelve en casa. Estas señales, no.
Son cosas que casi no pasan, pero si pasan, mejor revisarlas pronto.
A la mayoría no hay que hacerles nada, solo revisarlos y cuidarlos del sol. Si un lunar cambia de una forma que nos preocupa, o está en un lugar donde es difícil vigilarlo, se puede quitar con una cirugía menor y mandarlo a estudiar. Con los nevos congénitos grandes, el plan se arma para cada niño.
Dura unos 40 minutos y nadie los apura.
Desde cuándo le salió, qué le han puesto y qué productos usan en casa. Si tienes fotos de cuando estaba peor, tráelas.
Con buena luz y con papá o mamá en el consultorio. Si es adolescente y prefiere que lo revisemos a solas, también se puede.
En palabras normales. Si se va a quitar solo te lo decimos, y si hay que tratarlo, te explicamos qué esperar las próximas semanas.
Qué crema, cuánta, dónde y hasta cuándo, en una hoja que puedes pegar en el refri. Y un número para escribirnos si algo no va bien.
Consulta en Technology Park, al sur de la ciudad, y en Médica Momentum, Juriquilla.
Dermatóloga pediatra
Cédula profesional 11852050 · Pediatría 13739978 · Dermatología pediátrica 15890694
Médica cirujana por la Universidad La Salle. Hizo la especialidad en Pediatría y después la de Dermatología Pediátrica, las dos en la UNAM. Atiende desde recién nacidos hasta adolescentes.
Lo que más nos preguntan los papás sobre lunares.
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Son grupitos de las células que le dan color a la piel. Cuántos tiene un niño depende sobre todo de la genética, de su tipo de piel y de cuánto sol le ha dado. Los niños de piel clara y los que se asolean mucho suelen tener más.
Sí. Algunos ya están al nacer, pero la mayoría aparecen durante la infancia y la adolescencia, y van creciendo parejo con el niño.
Que le salga uno nuevo a los 8 o a los 14 años es normal. Lo que se revisa es un lunar que cambia mucho en poco tiempo o que se ve muy distinto a los demás.
No es malo en sí. Pero un niño con muchos lunares, por ejemplo más de 50 al llegar a la adolescencia, tiene más riesgo de problemas en la piel de adulto. A esos niños les recomendamos una revisión y cuidarlos más del sol.
Cuando cambia de tamaño, forma o color en unas semanas o meses, cuando sangra o hace costra sin haberse lastimado, o cuando no se parece a ningún otro lunar del niño. Los lunares grandes de nacimiento también se revisan.
Si no pasa nada de eso, basta con vigilarlos en casa. En la consulta te decimos cada cuánto volver.
Los pequeños y medianos, casi nunca. Los nevos congénitos muy grandes tienen más riesgo, aunque sigue siendo bajo, y por eso los sigue un especialista desde pequeños.
Casi nunca son lunares. Suelen ser puntitos de vasos sanguíneos, como los angiomas o las arañitas vasculares, que son benignos y muy comunes.
En un bebé, una mancha roja que aparece en las primeras semanas y va creciendo puede ser un hemangioma, y esa sí hay que revisarla pronto.
Desde los 6 meses. Antes, lo principal es la sombra, ropa ligera de manga larga y un sombrero. Si alguna zona chiquita se queda sin tapar, se le puede poner un poco de bloqueador.
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Esta guía es orientación general para papás y no sustituye una consulta. Cada niño se valora de forma individual.
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